Reseña: ‘Modern Mirror’ de Drab Majesty

[David Rangel]       

Las entidades alienígenas están de regreso, esta vez para ofrecer un reflejo de la vida moderna.

En la portada del tercer disco de Drab Majesty Deb Demure está rodeado de periódicos y revistas, parece recopilar información sobre el mundo,  tal vez confuso con el acontecer de un planeta desquiciado, el caos apreciado en conjunto, una visión externa de las vicisitudes que viven los humanos, perdidos y disociados en un mar de información, alienados por el uso de la tecnología y obsesionados por  el ego . La banda buscó reinterpretar el mito de Narciso en clave actual, captar los múltiples rostros de la obsesión con la propia imagen que se reflejan en la vida actual. El dueto viajó a tierras helenas y tomar la inspiración para el álbum. Cada tema busca relatar una historia en la que el narcisismo se hace presente, con la presencia constante de seres que han perdido contacto con su ser originario.

Modern Mirror abre con  “A dialogue” ecos de voces ,arpegios , reverberaciones y sonidos siderales  en los que Demure cuestiona incesantemente el amor de los humanos, tal es  el preludio del disco  y pretende mesmerizar al oyente  y llevarnos a  “The Other Side”  y su base electrónica , elegante, limpia, de aura positiva, como si de un tema radial se tratara,  pero de crítica ácida a las imposturas  y la existencia inauténtica . El sencillo “Ellipsis” sigue la línea anterior, dinámica y  que recuerda el pop ochentero, sin embargo  haciendo mofa del  cortejo en los tiempos de la tecnología, temeroso de expresarse sin la mediación de un dispositivo que permita editar o suprimir un mensaje, una forma más de alienación. “Noise of the Void” de ambiente más introspectivo , refleja los ruidos de la propia vacuidad, que en momentos de soledad se presenta desnuda e inevitable, siempre tratando de ser evitada a toda costa por las distracciones mundanas y no escuchar el mensaje de los abismos interiores.    “Dolls in the Dark”   una vez más, dentro la línea bailable nos sumerge en los paliativos de la soledad que ofrece la realidad virtual.  “Oxytocin” en voz de Mona D.  deambula por el bienestar químico y musical de la “hormona de la humanidad”  y de las emociones efímeras, que tal vez justifiquen la fugaz existencia humana.  Las revoluciones descienden hacia el final del disco con “ Long Division”  y la colaboración de Jasamine White-Gluz de No Joy, reflexionando sobre la distancia emocional y desorientación que rige las relaciones humanas.  Finalmente “Out of secuence” termina sin emitir una conclusión, no hay forma de entender la mente moderna,  ¿ es el llanto es sentimiento afín con  los tiempos que corren o es una emoción que no cuadra con la secuencia del mundo?.

 

 

Modern Mirror no presenta grandes cambios en el estilo de la banda, ligeramente menos oscuro musicalmente, conserva esa fresca nostalgia que ha caracterizado su sonido , esa mezcla de  resonancias antiguas pero renovadas  al contexto actual, puliendo cada vez más un sello que ha tenido impacto en sus seguidores ,  haciéndolos irresistibles a oídos de muchos y a otros les parecerá una repetición de lo hecho previamente por otros grupos. Si bien esta última producción dista de ser perfecta, algunos cortes se sienten muy similares, entrega un pop oscuro e inteligente, que desarrolla una estética retro-futurista ochentera y vigente en cuanto a los contenidos líricos.

 

Drab Majesty se presentó en el Foro Independencia

[Por Beto Sigala]

La música es para muchos un refugio, un templo en el que desahogamos nuestros dilemas cotidianos. La noche de ayer fue una calurosa reunión de feligreses que de a poco fuimos llenando un lugar como el Foro Independencia, que preserva bien el espíritu del “Hazlo tú mismo” y fue preciso para recibir al imaginario retro futurista de los reverendos de Drab Majesty.
Luego de poner atención a la propuesta emergente de ‘Ranndolph’, escuchamos a ‘Aves a Veces’ con toda su veteranía bien plasmada y su música que después de veinte años sigue siendo de las bandas goth más consentidas de esta ciudad.
Cuando terminó Aves, el ambiente se enrareció, tal como si hubiera una presencia extraña entre los asistentes del Anexo Independencia; enseguida y de la nada, unos ‘roadies’ prostéticos se apoderaron del escenario para hacer un soundcheck de rutina. Un tipo alto con sombrero de Safari y otro darkie más bajito, clavado en su sintetizador, comenzaron a manosear sus instrumentos e interactuaban sólo con la gente del audio.
David, un compa que tiene un ojo filosófico entrenado me dijo: “ya viste que son esos cabrones” Y yo con toda ingenuidad le contesté: “No man, son los ‘roadies’ de Drab”.
Pero luego fijé bien la vista en la mirada del guitarrista, y era el mísmisimo cabrón de Andrew Clinco, pero probando el sonido sin su ajuar, desataviado y vistiendo una histórica playera de ‘Dead Can Dance’.
Me dieron ganas de saludarlo cuando bajó del escenario y pasó a mi lado, pero el ‘groupie’ que hay en mi, se contuvo en tímida admiración. Entonces sí eran los Drab Majesty y sólo quedaba que fueran a su nave espacial y su secta los dotara del glam suficiente para una noche estelar.
Esperamos unos veinte minutos más, y después en un punto donde confluyeron lo terrenal con los espacial, el concierto comenzó en una reverberación constante que tuvo su punto de ebullición con las notas de ‘Dot In The Sky’, entonces comenzó un culto de ondulaciones que nos mantuvo atentos durante casi una hora.
Drab Majesty no precisaron de conectar con la feligresía, su mensaje fue claro y conciso durante la trayectoria del viaje, sólo la interacción necesaria y el gracias Guadalajara necesario, y los puntos altos de una ejecución pulcra que tuvo momentos de sueño con ‘Cold Souls’; para mi el climax de la noche.

Aunque todos deseábamos que la oda al universo que recorre los rincones de la galaxia entre el amor y la incertidumbre fuera más duradera, la oscura tertulia tuvo que finalizar con ‘Not Just A Name’. Deb Demure y Mona D se retiraron del lugar para esconderse en su nave espacial y surcar los cielos de México. Ya se ha informado de un nuevo avistamiento en San Luis Potosí.
Y aunque nos dejaron con ganas de un encore, ya no hubo vuelta a atrás. En el Foro Independencia, comenzó a sonar ‘One Hundred Years’ de The Cure. Era el fin de un concierto muy distinto a cualquier show que hubiera visto antes. Larga vida al tragic wave.

Drab Majesty: visitantes de otra galaxia

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[por Beto Sigala]

Es muy probable que el nombre de Andrew Clinco no remita a alguna referencia en el mundo de la música independiente. También es muy posible que bandas como Marriages y Black Mare sean nombres aleatorios en un multiverso de escenas regionales de Estados Unidos y de sonidos que serían casi anónimos de no ser por los medios especializados y disqueras que se han dado a la tarea de escucharlos y difundirlos.
Drab Majesty es el proyecto solista de Deb Demure, la otra indentidad de Andrew Clinco, que cuando no sale ataviado en un escenario con su personalidad como marciano de bajo presupuesto, tiene un trabajo discreto de baterista en Marriages y Black Mare.
En 2012 Deb Demure, cerebro de Drab Majesty, sintió el llamado de los astros para formar un proyecto musical peculiar, envolvente, pero sin lo rebuscado de la música experimental y más orientado al pop con guiños a la música oscura. Al mirar el look de Deb Demure uno podría de inmediato saltar de la silla para mirar con detenimiento y remitirse instantáneamente al David Bowie en su etapa de Ziggy Stardust y por ende pensar que la estética de Drab Majesty es uno de esos tantos plagios que ocurren en el rock de nuestros días. Más no, la realidad de Deb Demure está afectada por otras inspiraciones y otras psiques complejas.
Andrew creció en un Los Ángeles postmodernista, con usuarios de autobuses transexuales, simples locos citadinos, personajes idescifrables de una urbe rabiosa y predicadores religiosos que acompañaban sus domingos infantiles con sentencias sobre un ser omnipresente que utiliza las voz de los misnitros para llevarle su mensaje a la humanidad. Aunque también Demure se fascinó por la realidad alterna planteada en el culto de los Unarius, una secta fundada en California que promovía un cruce entre la ciencia y los extraterrestres; los Unarius , plasmados en su propia propaganda, eran seres andróginos que inspiraban el humor involuntario y se tomaban su doctrina muy en serio cuando compraban espacio en la televisión de Los Ángeles.
Drab Majesty tuvo su génesis tal como si fuese una secta de estas. Súbitamente, Andrew Clinco dejó de ser un simple baterista, para dejarser llevar por seres de otro mundo y transformarse en un ente andrógino que venía desde algún lugar luminoso de otra galaxia como Deb Demure. ¿Un loco con una túnica, un genio, un payaso impostor? Tal vez todas las aseveraciones sobre él sean ciertas y su forma de llamar la atención es algo que varios predecesores han forjado con éxito; su música a simple vista también podría ser más de lo mismo entreverado con un poco del pasado ochentero y algo de lo nuevo, si es que hubiera algo nuevo debajo de todas las constelaciones. ¿O no?
Llegué a Drab Majesty, por esa casualidad calculada que te sugiere la música por streaming y funciona como una inteligencia artificial que espía tus gustos frecuentes para ofrecerte nuevos artistas. A veces la caga terriblemente, pero en otras ocasiones, es sospechosamente acertada y te permite descubrir algo novedoso. Y aunque en un inicio su música me parecía un remedo del estilo goth de los ochentas, subvertido para los iniciados en la música. Sin embargo, luego de acostumbrar a mi maceta durante días, ya no pude renunciar a reproducirlo de forma constante.
Su primer LP Careless (2015), a pesar de que tiene los elementos para conectarte con el proposito de Drab Majesty, es un intento tímido. La voz de Deb Demure es sólo un eco, es por momentos inaudible, más sofocada y la música parece un jovial intento ochentoso que te enreda en un telaraña de hueva. En la mayoría de las canciones abusa de los sintetizadores y no termina por cuajar, como si la gran idea de Demure, fuese aburrir o sonar casi como los primeros Sisters of Mercy.
Y luego dos años después, llegó el The Demonstration (2017), una apuesta más precisa por hacer un sonido envolvente, por recrear nubes grises y momentos que tienen una asociación avistamientos de ovnis y la búsqueda de la vida eterna. Las canciones y la forma de cantar de Deb Demure son un discurso en un templo en el que se rinde culto a la reverberación y puede terminar siendo una experiencia con frecuencias cósmicas. En la conclusión no queda duda que Drab Majesty logró un sonido diferente, pero de fuertes lazos con Red Lorry, Yellow Lorry y su más grande influencia Genesis P. Orridge de donde adopta muchas de sus texturas. Aunque en la imagen ahumentada, la música que crea tiene una belleza lánguida y a la vez profunda, tan propia como sus pelucas, su maquillaje y las sentencias de su voz.
Mis oídos, últimamente se han sumido en una parálisis. A veces, la mayoría de la música que se hace en estos días me parece fastidiosa o que se ciñe mucho a fórmulas probadas. Y no, no intento decir que Drab Majesty es la neta de otro planeta o que me voló la tapa de los cesos, pero sí puedo defender la convicción de haber encontrado en este proyecto, una música transcendental que me seguirá durante mucho tiempo. Desde hace mucho ya no soportaba darle play a un disco y sentarme solemente a escuchar, sin tomar el celular, sin pensar en la siguiente quincena. Con The Demonstration, lo hice de nuevo y recomiendo esta práctica como un ejercicio para salir de este mundo y entrar un rato al mundo musical de los Unarius. Y sí, tal vez en 2018 reafirmemos que no hay nada nuevo bajo el sol y que la salvación de la raza humana está lejos, pero Drab Majesty al menos es buen alimento para el alma.

Drab Majesty, 24 de marzo 2018 Futuro Festival

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