El año que escuché a ‘Bone Thugs-n-Harmony’ sin descanso

[Beto Sigala]

En un tiempo en que nada importaba, el aire era más fresco y uno podía correr todavía al abrazo protector de los padres, un disco reventó el aire conformista de un clasemediero adolescente que compartía las tardes con otros adolescentes, y llegó en forma de gangster rap.

Ya como para el 93, unos estábamos arrepentidos de tanta música new wave, otros casi hartos del trash y había algunos más que renegaban de The Cure y aquella tendencia de cabellos alborotados que a cada suspiro pueril, le cedía paso a las cabezas a rape, las gorras y pantalones muy flojos que sólo se conseguían en el Mercado Libertad, mejor conocido como “San Johnny”.

Así, los más grandes de la bola, nos contagiaban con los nuevos gustos musicales, y tal como sube la marea de un rato a otro, llegaron los casetes de los Beastie Boys, de Cypress Hill, de N.W.A. Tupac, Biggie,y otros que mi memoria se encargó de borrar.  Entonces, cuando uno es adolescente, tiene demasiada prisa para sentir nostalgia del pasado y lo nuevo provoca que lo anterior quede sepultado en algún lugar profundo de la mente para abrirle la puerta a los nuevos sonidos. Pronto el rap (así le decíamos, porque en esa época la palabra hip hop no existía en la jerga común) se instauró en nuestras conversaciones cotidianas, en lo que escuchábamos en las pedas, en lo que portábamos en los walkman.

Teníamos un amigo cubano americano mucho más grande que nosotros, pero le gustaba juntarse con morrillos. Su hermana le traía discos del gabacho, de esos discos que sólo se podían tener en Guadalajara por encargo, y entre su colección tenía el “The Chronic” de Dr. Dre, “Doggystyle” de Snoop, uno de Warren g, y otro flamante, recién traído en CD, de una banda totalmente desconocida para nosotros: ‘Bone Thugs-n-Harmony’ que se presentaba en 1994 con un álbum del que sobresalía un gráfico rojo sangrante con las letras “Creepin on ah Come Up”. No sabíamos de dónde eran, ni qué pedo con ellos, pero habían grabado una rola con Eazy E y sonaban como algo nuevo, como de alguna otra dimensión más agresiva, más rápida, con unos beats hipnóticos que servían de base para una armonización de voces fraseando sobre la violencia en su ciudad. Si lo que escuchábamos era crudo, Bone, le abría la puerta del hard core al rap de esa época. El disco sonaba puro, como salido directamente del underground hasta las bocinas de la grabadora.

 

Tal vez la colaboración con Eazy E era lo más llamativo para el mainstream de esa época y la ayuda que les brindó ese rapero de la costa oeste fue determinante para el ascenso de Bone, pero sin duda, el disco que ronda los treinta minutos de reproducción tenía canciones mucho mejores que ‘Foe tha Love of Money’ y que a postrimerías lo harían un álbum de culto, quizás uno de los más importantes en la historia del hip hop. Desde su Intro, una voz demoníaca abría paso al estilo peculiar de cantar de ese grupo de Cleveland. ‘Thuggish Ruggish Bone’, por ejemplo, usaba una voz femenina de R&B para introducirnos a las rimas continuas que suenan como ráfagas de balas. ‘Down Foe My Thang’ tiene un aire muy tumbado, un bajo que sofoca, un beat muy potente y loops agudos -casi psicodélicos- que agujeran la cabeza.El track ‘Creepin on A Come Up’ tiene una melodía simple que bien podría ser una canción de funk suave diluyéndose en un relato sobre un ladrón que no va titubear para vaciar su pistola.

Debo recordar que ni yo ni los demás morros que descubrimos el disco gracias al cubano, entendíamos mucho del contexto, tampoco de las líricas que hacían una apología sin rodeos de las pandillas, el dinero de la droga y el culto a la muerte, pero nada de eso importaba, porque el disco sonaba tan lisérgico que lo que dijeran los mc’s de ‘Bone Thugs-n-Harmony’ , sobraba, incluso hacía más memorables los coros y los beats de G Funk. Luego de un tiempo fuimos dejando este álbum por nuevos beats y nuevos artistas. Los mismos Bone tuvieron un mega hit en las listas con la canción ‘Crossroads’ del disco “E. 1999 Eternal” en el 95, que tiene muy buenos tracks, pero pierde mucho del encanto del primer disco. Después yo me metí a estudiar inglés, y al paso de los años el rap dejó de interesarme casi por completo. Cuando finalmente entendí lo que cantaban, las letras de rap me parecían muy repetitivas, y todos los raperos de la época terminaron peleando para ver cuál era el más cabrón. Ya para cuando llegó P. Diddy a la escena, quedé hasta la madre del hip hop, salvo muy buenas excepciones que fui encontrando.

Discos como “Creepin on ah Come Up“, “Temples of Boom” o “Lethal Injection”, por decir unos cuantos, transcienden la barrera de los géneros y vistos en retrospectiva son seminales, dejan una fuerte impronta en músicos posteriores sin importar el estilo al que se dediquen. Además de que ahora producen el efecto ‘Ratatouille’; te transportan a esa época en la que las cosas funcionaban de manera más simple.

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