[Beto Sigala]

Para Ghostland el reto más grande ha sido quitarle el peso cultural a la música que hacen, todo con tal de que sus canciones sean interpretadas como momentos universales que comunican un mensaje más claro para occidente y sean disfrutadas tanto en la puerta de los balcanes, como en algún club nocturno de Inglaterra, o de igual forma en el norte de América y por supuesto en el mundo latino. Y a pesar de que su sonido es universal y ronda en la curva de aprobación del postpunk revival y el darkwave de nuestros días, su identidad no puede dejar de lado su cultura y a través de la voz dramática de su frontwoman Makrina, proyectan la sensibilidad de sus raíces helénicas.

La música de Ghostland no es difícil de entender, sobre todo si se pone en el contexto actual en el que los jóvenes hacen canciones que en su mayoría son una reverencia a las influencias musicales que los hicieron los individuos de este tiempo. En ‘Dances on Walls’ se percibe a lo largo de sus nueve tracks, lineas de bajo intensas que acompañan a sintetizadores etéreos y figuras de guitarras minimalistas que se entrelazan en un mundo cargado de sentimentalismo. Puede que el punto de partida de ‘Dances on Walls’ haya sido el arraigo que sienten los músicos de Ghostland por un disco angular como ‘Pornography’, sin embargo, el álbum no se estanca en el mero homenaje y sobresale porque en sus composiciones es notable que para hacer cada track, los músicos de este proyecto bajaron al sótano personal de sus emociones con el fin de buscar lo que los hace ser. En esa búsqueda, Ghostland se ha encontrado y con eso ha forjado un sonido con fulgor e inmersible, versátil, que muta de canción en canción hasta establecerse.

Ghostland – Dances on Wall (Manic Depression Records 2018)

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En la vereda de ‘Dances on Walls’ el paisaje frío va cambiando con los minutos, tal como una caminata por un lugar de naturaleza que es ralo y se torna más frondoso. Así el postpunk de ‘Leave Behind’ resulta en el fondo una canción muy distinta a ‘Dont Wait’, que suena más emparentada con el synthwave. El punto es encontrarles un hilo que las conecte, y justamente ese hilo es Makrina por un lado y por otro la riqueza sonora con la que crean en la parte sintética. ‘Wind of Knives’ es una canción que pudo haber nacido hace mucho en el universo de ‘Cure’, pero fue concebida en 2018 por unos músicos griegos que ahora son adultos contemporáneos, reviven la llama del pasado con muy buen manufactura y parten de esa inspiración para aportar su visión.

‘Sway’ es la continuación de la andanza con un darkwave elegante en el que vale la pena poner atención a todo lo que ocurre detrás de la parte vocal de la canción. Su tránsito es elegante y lo que sucede sonicamente en el fondo es muy florido, su melodía en capas es alimento para el cerebro. En ‘The Dancing Crowd’ de nuevo es la vocalista contra el mundo con una musicalidad contagiosa y un coro poderoso que lleva al escucha hasta que detona todo lo demás; ella reza con voz fuerte “take me out trough the night to the dancing crowd” (llévame a través de la noche a la multitud que baila”) en un tono de confusión, con un halo totalmente nocturno. Y tal vez nunca sabremos el suceso que inspiró a esta canción, pero el sentimiento de quien la canta ha sido plasmado de una forma espectacular.

‘Lifeblood’ fue escogido como sencillo y cuenta con videoclip simplemente porque es de los tracks más dinámicos del todo el álbum, pero vale la pena clavarse en su distorsión futurista mientras se sacude el alma en el baile individual. Y ‘Against the Light’ es un pasaje que se contrapone a ‘Lifeblood’ y cierra el disco es un estado anímico frío e introspectivo que abandona a la luz.

Escuché por primera vez ‘Dances on Walls’ de Ghostland en medio de la confusión del inicio de este año; por alguna razón solamente mía, tardé tiempo en hacerlo propio, en recordar sus estribillos y memorizar música y voz de esta banda. ‘Dances on Walls’ fue madurando en mi experiencia como escucha. Es el debut de esta banda griega que le da aires de postpunk al drama personal. Ahora tengo un idilio con el estilo de cantar Makrina que me parece tan sensual y potente y en todo del disco permanece en primer plano, sin embargo la música de los nueve tracks merece ponerles buena atención porque estoy seguro que van a perdurar en el tiempo.

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