[Beto Sigala]

Desde su reciente formación un par de años atrás, Capitals, el duo formado en Guadalajara por Jonathan Salazar e Iván Herrera, ha dado muestras de un enorme potencial y de un interés muy grande por sonar bien y hacer canciones directas con mensajes universales sobre la psique humana, la violencia y los dilemas de la existencia. Ha sido para mi un gusto, primero como aficionado al postpunk, y luego como seguidor de este proyecto, notar el crecimiento y evolución de estos dos músicos jóvenes muy comprometidos con su arte, cuya música gana cada vez más seguidores en este país y que también los ha llevado fuera de las fronteras de México.

Tan sólo el 22 de enero de este año convulso en que el país se revuelca en la miseria humana y persiste al ánimo de cambiar la negatividad del pasado, Capitals finalmente lanzó su EP debut completo en la plataforma de Spotify. “Año Once” contiene entre sus páginas siete tracks -liberados paulatinamente durante 2018 a través de youtube, e interpretados en su set en vivo- que abordan tanto cuestiones emocionales, como la paranoia que despierta el abuso de la tecnología, la carencia de sentimientos, o cosas más complejas como la terapia de shock en los medios masivos de comunicación.

De la inventiva del binomio que conforma Capitals siempre hay que destacar el sonido frío y lacónico que han desarrollado en su línea de tiempo. “Año Once” es la prueba de un enorme potencial y de la creatividad plasmada en líneas de bajo constantes, decididas, y rifss de guitarra ínfimos, pero siempre precisos y con una belleza simplista. Ambos músicos de Capitals construyen sus canciones basados en un raport notable que se ha gestado en el interés mutuo por comunicar, a veces mucho más en la construcción de sus melodías que en sus líricas. La conexión de ambos lados del proyecto ha dado como resultado una música mecánica y minimalista que se traduce en postpunk sobrio, elegante y más cercano a las raíces del género.

Capitals – Año Once – 2019

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“Año Once” tiene momentos de mucho brillo artístico como ‘Desire’, un paseo por el deseo carnal con música que es en varios sentidos un vigorizante abordaje del sonido seminal del postpunk. ‘No Feelings’ tiene una melodía muy dinámica; sus acordes y sus pausas la hacen una canción que se graba con mucha facilidad en el casete de la memoria. En ‘Bombs’ por ejemplo, el bajo se roba la mayor atención, pero una especie de arpegio se va apoderando de la canción y le da un aire siniestro a las imágenes bélicas.

Es una discusión bizantina hablar del rock de ahora y su falencia como elemento de persuasión de las masas, mejor habría que hablar de que mientras otras formas de expresión se apoderan del gusto de los jóvenes, discos como “Año Once” son pasajes en la historia musical de Guadalajara que no tienen que ver con alguna tendencia o existan a razón de una moda, y están hechos con dedicación personal y un gusto enorme por hacer lo que se te canta. Es difícil saber qué pasará con este y otros proyectos mexicanos similares que han encontrado inspiración en el postpunk si pensamos en una década adelante, sobre todo en un mundo tan dinámico y cínico en muchos aspectos. Pero hay que celebrar materiales como “Año Once” por su pasión al contar algo con sustancia en medio de la tanta confusión, por su premeditado interés de forjarse un camino propio.

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