[@betosigala]

En el 2002 compraba discos de jazz cada que podía, y justo en ese año compré el Verve Remixed; una compilación de voces de femeninas del jazz que eran traídas al nuevo milenio con un toque de actualidad. Aún ahora, en estos tiempos de ignominia y levedad, los beats cercanos al trip hop y al acid jazz de ese disco, mezclados con estilos vocales únicos como los de Ella Fitzgerald o Nina Simone, siguen siendo un paraíso musical en el que suelo refugiarme cuando mi música cotidiana me fastidia.

Traigo esto a mi memoria por un descubrimiento que he hecho recientemente, que inevitablemente me trasporta a este maravilloso disco, a esas increíbles voces y posturas del jazz en un mundo donde caben los samplers y las programaciones. Blacksage es algo similar; una alineación astral compuesta por una voz surgida del folk como Josephine Olivia y un productor con una visión muy amplia como Drew Scott, ambos músicos emanados de la escena de Baltimore, y los dos con una filiación creativa que tenía que suceder porque así lo demandaban las fuerzas de la naturaleza.

 

Lo que hace Josephine, suena tan natural como si ella misma fuera un alma vieja, como si ella fuese una de estas divas que cantaba estándares de jazz desde tiempos lejanos y cuya voz es un relicto que ha llegado a nosotros en una forma más oscura, con una piel tatuada y una mirada intensa que susurra y ha sintetizado las influencias precisas del Rhythm & Blues; es de la misma forma sensual, sutil, y conserva el sentimiento campirano de sus primeros años en la música. Scott desde su lugar de inspiración hace la mayor parte del tiempo ritmos en down tempo que construyen un muro, un contexto perfecto para el estilo de Olivia. Su música es todo el tiempo un trance semilento que va penetrando las fibras. Los estudiosos se han atrevido a bautizar a Blacksage como trip hop, pero esta banda es algo más, su sonido tiene más cavidades, y tanto “Basement Vows’ (2015) como “Shivers” (2016) son dos espacios donde confluyen el ritmo contundente y la intensidad sofisticada de la voz.

En algún momento de este encuentro fortuito con Blacksage me pregunté qué tipo de música harían Billie Holliday o Sarah Vaughan en un mundo como este en el que es tan difícil innovar y transgredir lo rígido. Tal vez las divas del jazz se hubiesen rendido a las tecnologías como alguna vez lo hizo Miles David con Doo-Bop, adaptando su estilo a una creciente cultura del hip hop. Creo que Blacksage lo ha entendido de buena manera, y su música es un síntoma de una evolución bien entendida, de dos músicos que se han complementado para crear un sonido innovador. Sí, sus influencias con claras, están ahí, como cuando se construye una civilización encima de la otra que se extinguió. Pero, Blacksage ha creado algo que se distingue por su estética y la cualidad de no sonar parecido a muchos actos de estos días orientados al darkwave y que en muchas ocasiones se quedan varados en el revival de otras épocas. Blacksage es algo más apasionante, más profundo; la belleza de su música es una gema que el mundo debería conocer.

https://blacksage.bandcamp.com/album/shivers

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