[Por Beto Sigala]

La música es para muchos un refugio, un templo en el que desahogamos nuestros dilemas cotidianos. La noche de ayer fue una calurosa reunión de feligreses que de a poco fuimos llenando un lugar como el Foro Independencia, que preserva bien el espíritu del “Hazlo tú mismo” y fue preciso para recibir al imaginario retro futurista de los reverendos de Drab Majesty.
Luego de poner atención a la propuesta emergente de ‘Ranndolph’, escuchamos a ‘Aves a Veces’ con toda su veteranía bien plasmada y su música que después de veinte años sigue siendo de las bandas goth más consentidas de esta ciudad.
Cuando terminó Aves, el ambiente se enrareció, tal como si hubiera una presencia extraña entre los asistentes del Anexo Independencia; enseguida y de la nada, unos ‘roadies’ prostéticos se apoderaron del escenario para hacer un soundcheck de rutina. Un tipo alto con sombrero de Safari y otro darkie más bajito, clavado en su sintetizador, comenzaron a manosear sus instrumentos e interactuaban sólo con la gente del audio.
David, un compa que tiene un ojo filosófico entrenado me dijo: “ya viste que son esos cabrones” Y yo con toda ingenuidad le contesté: “No man, son los ‘roadies’ de Drab”.
Pero luego fijé bien la vista en la mirada del guitarrista, y era el mísmisimo cabrón de Andrew Clinco, pero probando el sonido sin su ajuar, desataviado y vistiendo una histórica playera de ‘Dead Can Dance’.
Me dieron ganas de saludarlo cuando bajó del escenario y pasó a mi lado, pero el ‘groupie’ que hay en mi, se contuvo en tímida admiración. Entonces sí eran los Drab Majesty y sólo quedaba que fueran a su nave espacial y su secta los dotara del glam suficiente para una noche estelar.
Esperamos unos veinte minutos más, y después en un punto donde confluyeron lo terrenal con los espacial, el concierto comenzó en una reverberación constante que tuvo su punto de ebullición con las notas de ‘Dot In The Sky’, entonces comenzó un culto de ondulaciones que nos mantuvo atentos durante casi una hora.
Drab Majesty no precisaron de conectar con la feligresía, su mensaje fue claro y conciso durante la trayectoria del viaje, sólo la interacción necesaria y el gracias Guadalajara necesario, y los puntos altos de una ejecución pulcra que tuvo momentos de sueño con ‘Cold Souls’; para mi el climax de la noche.

Aunque todos deseábamos que la oda al universo que recorre los rincones de la galaxia entre el amor y la incertidumbre fuera más duradera, la oscura tertulia tuvo que finalizar con ‘Not Just A Name’. Deb Demure y Mona D se retiraron del lugar para esconderse en su nave espacial y surcar los cielos de México. Ya se ha informado de un nuevo avistamiento en San Luis Potosí.
Y aunque nos dejaron con ganas de un encore, ya no hubo vuelta a atrás. En el Foro Independencia, comenzó a sonar ‘One Hundred Years’ de The Cure. Era el fin de un concierto muy distinto a cualquier show que hubiera visto antes. Larga vida al tragic wave.

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