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Si hay un músico petulante y que siempre quiere imponer su visión del mundo en los demás, ese es Morrissey. Esa actitud no le quita lo chingón y además tiene esa capacidad enorme de hacer líricas que nos hacen sentir miserables con melodías agradables, que son siempre un deleite para tararear.
El 14 de marzo de 1988, Morrissey, ególatra compulsivo, mandó oficialmente al carajo de una vez y para siempre a The Smiths con el lanzamiento de su naciente proyecto solista y con un álbum que por su fuerza propia, pudo mitigar el dolor de sus fans tras su partida de esta agrupación.
El mundo conoció hace treinta años el Viva Hate, reverenciado incluso por sus detractores y que lo puso en el alto pedestal del rock alternativo, del buen pop. Suedehead es el pináculo de esta obra, y la razón de que hasta la fecha sea la canción más choteada de Mozz recae totalmente en la hermosura de su construcción. Es tan dulce su desdicha, es tan feliz su agonía, que aún en 2018 seguimos disfrutándola como un paseo por un paisaje nevado de Indiana.

Antes de su lanzamiento, la prensa especuló si Morrissey haría un disco decente sin el aporte de Johnny Marr, pero Mozz fue muy hábil en no retirarse de su zona de confort con un álbum que camina en los mismas estados de los Smiths; trabajando codo a codo con el productor Stephen Street (Ingeniero y productor de The Smiths) y demostrando que su personalidad e inventiva al final eran la vertientes que le daban más corazón a la banda. A la postre, sólo Marr hizo la suya con sus riffs inigualables, pero nunca emulando el éxito de Morrissey ni de chiste.
Ahora, visto a treinta años de distancia, Viva Hate es el disco más definitorio en la carrera de Morrissey y un disco fundamental del rock de todos los tiempos. Ahora, haciendo esa retrospectiva de tres décadas, podemos ver que el culto por este artista no decae, a pesar de que se ha empeñado en mostrar una personalidad odiosa y por sus múltiples desencuentros con los carnívoros o con el feudo antagónico eterno que sostiene con Robert Smith. Mozz demostró que todavía tiene gas en su tanque de activismo nacionalista y de vez en cuando se toma el tiempo para hacer grandes discos como Low In High Scool de 2017. Cada que escucho a este artista, tengo de hacer de tripas corazón. Realmente detesto el yan de Mozz, pero hay que amarlo siempre por su ying y Viva Hate en un contraste trascendental de su psique.

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