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[Por Beto Sigala]

Si ha habido una bandade goth rock que siempre resurge de sus cenizas, se tiene que recurrir al extraño caso de Mephisto Walz y sus incontables cambios de alineación. En casi tres décadas de existencia, esta banda ha tenido que mutar a los cambios y de su primera alineación sólo sobrevive Barry Galvin, aún así han tenido la capacidad de sonar bien y ser de los proyectos que le han dado una marcada identidad al goth rock hecho en Estados Unidos.
Su discografía actual nos trae hasta Scoundrel de 2017, preservando los mismos tintes de su estilo y con buena capacidad para hacer un entramado de rock oscuro, sentimientos melancólicos y oquedad. Es la voz de Myriam Galvin la que ha dotado a esta banda de aires diferentes; sin duda ella amplifica el rango tradicional de esta banda que por momentos también suena un poco más colorida en su última disco de estudio. Dudo que los seguidores de cepa de Mephisto Walz conserven a Scoundrel como esos discos que se veneran en un altar, pero al menos continúa siendo agradable que sigan en activo.
Todo esto nos remonta inevitablemente al pasado, y a un pasado en específico que generó mucho culto entre las juventudes de norteamérica que encontraron en el goth rock y el death rock de los ochenta un estandarte, un estilo de vida. Mephisto Walz acaba de lanzar un disco que hace referencia a esa época en especial. Rarities 1989 es un ensayo para honrar la memoria del Mephisto Walz más fascinante y recordar ese sonido aspero que tanto caraterizó a esta banda norteamericana.
Este fonograma no estaba planeado para ser lanzado, de hecho su grabación es de esos casos raros en la música, ya que fue plasmado en una sesión de ensayo durante 1989, en una grabación que quedó registrada en una máquina de dat llamada Portastudio, la cual permitía una ecualización muy básica de los intrumentos y la voz. Es remarcable como este evento casual propició un sonido mágico y lleno de misterio; el eco y el retraso en la guitarra de Barry Galvin crean un efecto envolvente que quizás no se hubiese logrado premeditadamente en un estudio formal, al menos no en aquella época.
Los siete tracks de Rarities 1989 se disipan en un tiempo muy corto; la edición final del disco es tan breve como para reproducirse en un loop continuo durante horas, escuchando en esa repetición un testimonio vivo de una época maravillosa como 1989, año en que la sub cultura gótica florecía en el mundo subterráneo como una mandrágora que infestaba los oscuros campos del rock.

 

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